Dos monjes
meditaban en una plaza cuando un muchacho se les acerco a pedirles marihuana. Ellos le dijeron que era una falta de respeto y que habia maneras mas cordiales de ranchear una seca de faso.
El muchacho dijo que conocia a mucha gente del lugar, y hablaba con gran soltura.
Un monje dijo: Vos no sos puro. Y el otro monje gordo le pego un fuerte golpe en la boca, un ubicate por mentiroso. "Las sendas del Zen estan manchadas con sangre, andate de aca". El chico agradecio el golpe dandoles la mano a cada uno, tomo un trago de vino y desaparecio fumando sus ultimos cigarrillos. Habia invadido la casa de un monje, una plaza apacible en la noche de un sabado inquieto, vibrante en una oscura caminata.
Golpeado, camino por las calles de la ciudad rapidamente y con miedo, vomito, camino mas rapido, y vomito nuevamente la carne roja que habia comido. Perdio todos sus organos y flemas en un gran dormir y despertar. Luego quejandose por el dolor en la boca conto la historia a un amigo, que le dijo que hay que tener carisma para pedir las cosas. Creo que es asi. La luz, la pureza o la habilidad del carisma.
Una mala jugada en los vapores del alcohol puede matarte o ubicarte si te cruzas con monjes del parque.
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2 cosos:
Je, je. Me encantó el cuento de los monjes viejitas del agua.
"El acto surrealista más simple consiste en salir a la calle con un revolver an cada mano y, a ciegas, disparar cuanto se pueda contra la multitud. Quien nunca en la vida haya sentido ganas de acabar de este modo con el principio de degradación y embrutecimiento existente hoy en día, pertenece claramente a esa multitud y tiene la panza a la altura del disparo." Breton. Sólo me gusta la última idea... lo demás es chistoso. "Grcaias" por el juicio... a mí no me pegaron unos monjes Zen sino unos polis mexicanos... pero llegado a casa conservo mi licor, salud.
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